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Marcos García

 

Marcos García

(Blue Island, Illinois, 1960)

Sin título, 2000 (de la serie Sube y baja)

Fotografía a color, impresión electrostática sobre vinilona, 55 x 60 cms

La serie Sube y baja puede ubicarse en el cruce conflictivo de dos planos imaginarios: el espacio social de la calzada Independencia, sitio que representa una frontera, un lugar común (es decir, una zona de concurrencia) y, en cierto modo, una llaga cultural de la ciudad; y el espacio íntimo, representado por los cuartos de los hoteles que eligió fotografiar en esa zona de Guadalajara.

Con la combinatoria de unas pocas reglas de juego (ser espacios ubicados precisamente en la calzada, todos ellos hoteles de paso de bajo costo, captar los espacios despojados de la presencia humana) el fotógrafo propone adentrarse en algunos escenarios que, si bien son evidentes en el plano social, se vuelven puntos ciegos, tácitos, obscenos, en el plano de la experiencia íntima o la vida privada. En ese sentido, la elección de los bajos fondos como un objeto artístico es la condición que se plantea Marcos para su intento de internarse en esta suerte de territorio constitutivo tapatío.

De entre las diversas posibilidades visuales que los sitios ofrecen (la documentación de la arquitectura degradada, las formas malevas o parias de los personajes asiduos, la seducción del tráfago y la especulación) el artista eligió mirar hacia el interior en busca de ambientes y acontecimientos para intuir el orden reconstituido (las habitaciones listas para el próximo cliente) de las prácticas, las rutinas y los hábitos de sus ocupantes.

Como espacios anónimos que ofrecen y buscan el anonimato, estas viviendas nómadas son lugares obscenos (es decir, sitios condenados a permanecer fuera de la escena) en los que el fotógrafo trata de encontrar un sentido documental o poético en las huellas minuciosas que la pátina o el uso han dejado inscritas en su estructura o en sus elementos: la sombra de unas llaves sobre el muro descascarado, el apunte confuso de las declaraciones amatorias o guerreras sobre el papel tapiz, los vestigios de la suciedad y el abandono como escenografía de los encuentros, el claroscuro generado por el propio carácter subrepticio del recinto.

En ese sentido, la recreación casi documental de estos espacios interiores constituye una suerte de representación de la caída, una mirada que se obstina en encontrar un carácter estético en un hoyo, un registro moroso de la textura de los bajos fondos interiores que se opone a las rutinas ruidosas que pueden oírse afuera sin que se enteren de nuestra presencia. (Baudelio Lara)

 

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