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El normalismo como una fuente de fortalecimiento de la educación pública ha sufrido transformaciones en forma constante, especialmente en los últimos cuatro años, las cuales, a partir de un cambio de currículum a escala nacional en los niveles de preescolar, primaria y educación secundaria, tienen como reto conformar un equipo de profesionales capaces de responder a estos cambios no sólo curriculares, sino también de rumbo en relación con la visión de un hombre integral capaz de conocer, comprender y transformar su entorno. Esta tarea no es posible sin una revisión permanente de las autoridades y de la sociedad en general. Este artículo pretende mostrar una semblanza general del normalismo desde una postura histórico analítica, así como la trascendencia que este nivel educativo ha tenido y tiene a escala nacional y local. Su estructura consta de los apartados historia y filosofía, normalismo contemporáneo, atención a la demanda a escala nacional, calendario escolar, acuerdo nacional, normalismo en Jalisco fortalezas, debilidades, síntesis y retos. Por las características e importancia del tema, lo que se presenta es una visión general que permite adentrarse en una diversidad de temáticas que, de acuerdo con el lector, es posible profundizar. La educación Es uno de los pilares de la política social de las administraciones posrevolucionarias; con 5.2 millones1 de alumnos en todo el sistema educativo en 1960, se acercó a la cifra de 26 millones en el ciclo escolar 1994-1995. El promedio de escolaridad de la población de 15 años y más se elevó de 5.8 años en 1984 a 7 años en 1995. Ante el crecimiento de los servicios educativos, la calificación profesional de los docentes en todos los niveles fue difícilmente controlable; no obstante hubo avances importantes, sobre todo en el caso de la Educación Normal que alcanzó el rango de licenciatura en el año de 1984. En el nivel superior se consolidó la profesionalización del personal académico de tiempo completo y se elevó notablemente la calidad de la investigación, a pesar de que la mayoría de los profesores no había obtenido un grado académico superior a aquel en que enseña. El normalismo mexicano. Historia y filosofía Los orígenes del normalismo se pueden encontrar en las instituciones educativas de los pueblos prehispánicos, en todos ellos había ceremonias por medio de las cuales la familia y la comunidad ofrecían las noticias culturales de carácter general a las nuevas generaciones incorporándolas a la cultura y productividad colectivas. Así, hogar y familia constituían las instituciones de educación popular a las que se sumaba el Tlapixcatzín o predicador que en los barrios y tianguis enseñaba y hacía practicar los cantos litúrgicos y didácticos, así como las leyendas y cuentos populares. De esta forma la educación prehispánica realizaba la función que distingue al normalismo actual, desde luego, conforme a los objetivos ideales y proyectos sociales del estado prehispánico; se encauzaba la formación hacia los valores permanentes en la vida social. La conquista española transformó el orden de las civilizaciones mesoamericanas. Lo que hoy es México se constituyó como parte del imperio español. Las órdenes religiosas emprendieron una labor que se plasmó no sólo en la religión, la lengua y la cultura, sino incluso en la traza misma de las ciudades y pueblos, conformando al paso del tiempo una sociedad multiétnica con marcadas diferencias entre grupos: indios, españoles, peninsulares, criollos, mestizos y castos. A lo largo de tres siglos de colonia se fue adquiriendo un sentido de nación y cierta homogeneidad cultural que se derivó del mestizaje y en menor medida de la educación. Así, la educación institucional de ese periodo histórico de México cambia de contenido, pero se siguió encargando de la difusión de la cultura en forma sistemática, ahora occidental europea, por la adición y la actividad de difusión y ponderación del estado social colonial y la divulgación de la nueva doctrina religiosa entre los indígenas. Los primeros misioneros que llegaron al Nuevo Mundo con el espíritu crítico que produjo la reforma religiosa en Europa introducen en el marco de estos antecedentes del normalismo el compromiso del servicio social impulsando, además del aprendizaje de la cultura, el aprendizaje de artes, oficios y técnicas de cultivo. La decadencia del ideario y el modelo de los misioneros se disuelve a finales del siglo xviii. Con los Borbones en el poder se impulsó el liberalismo que se nutre de nuevos conceptos y se propone, además de la conquista de las libertades, lograr la igualdad y la justicia relacionadas con la distribución de la riqueza y de los bienes materiales, culturales o intelectuales creados por la sociedad. En 1867 el presidente Benito Juárez y el partido liberal restauraron la República. En ese año se fundó la Escuela Nacional Preparatoria y se consolidó el positivismo como la filosofía educativa oficial, fundándose las primeras normales para maestros. Hubo una difusión incipiente de la educación elemental, particularmente en las capitales de los estados y en las ciudades. Estos logros fueron insuficientes, pues amplios sectores de la población permanecieron al margen de los beneficios de la educación. Al inicio del siglo xx la población indígena se hallaba virtualmente aislada y el analfabetismo alcanzaba el 84 por ciento de la población2. En los primeros años del siglo xx, Justo Sierra encauzó las aspiraciones de los maestros liberales y promedió la expansión de la educación pública en todo el territorio. El gobierno central creó la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes. En 1906 comenzó la revisión de las escuelas nacionales profesionales que culminó en 1910. El normalismo en el nuevo estado corre paralelo en contenido ideológico y en responsabilidad social con los grandes parteaguas en el periodo de la sociedad mexicana inestable. Al restablecimiento de la República y en las primeras etapas de los gobiernos de hoy, la definición del estado liberal conlleva a la definición del normalismo, en la cual se hacen presentes las tres vertientes que la significan: la responsabilidad para dar continuidad al proceso de desarrollo social constituido en el medio eficaz para cumplir los principios de equidad y justicia, desde el punto de vista en que se advierte que ello depende de la enseñanza, para que la sociedad logre el dominio más amplio del saber y manejo de las técnicas para transformar a la naturaleza y producir bienes que satisfagan las necesidades materiales, espirituales y del desarrollo de las capacidades para comprender, asumir y recrear bienes intelectuales y estéticos comprometidos con los proyectos sociales en general y especialmente con las clases más castigadas en la estructura social. Después de la lucha revolucionaria, la fracción triunfadora convocó al Congreso Constituyente. La Constitución de 1917 incluyó principios de reforma social postulados por los grupos que encabezaron el movimiento de la revolución mexicana. El artículo 3Ί estableció que la educación debería ser laica y nacional, proclama la gratuidad de la enseñanza elemental y prohibía la intervención de corporaciones religiosas y ministros de cualquier culto en la enseñanza primaria, que fue obligatoria. En 1921 se creó la Secretaría de Educación Pública (sep) por José Vasconcelos; como su primer titular se constituyó en el abanderado de una cruzada por la educación popular. En la década de 1920 fueron creadas las misiones culturales y se puso en marcha la Escuela Rural Mexicana, ambas promovieron la movilidad social de segmentos de la población que habían sido marginados. En la misma década, el índice de analfabetismo de la población se redujo al 66 por ciento. En cambio, para enfrentar la marginación de las localidades indígenas, se ensayaron distintas fórmulas que fracasaron. En 1934 se modifica la constitución a fin de que se estableciera que la educación mexicana sería socialista, cuyo énfasis estuvo puesto en la búsqueda del progreso de las comunidades más atrasadas y en el avance hacia la justicia social. En este periodo crecieron las normales y se mejoraron los servicios. A partir de la década de los sesenta la educación mexicana recibió nuevo impulso revitalizador. Se editaron libros de texto gratuitos con el Plan de once años (1959) y se crearon Centros Regionales de Educación Normal (cren) que contribuyeron a cubrir la demanda de maestros en las diferentes entidades del país. En la búsqueda del modelo de maestro requerido en cada momento histórico, en 1969 se agregó un año a la carrera de maestro, que hasta entonces se cursaba en tres años después de la secundaria. En 1975 se introdujo la modalidad de bachillerato simultáneo por los estudios de normal. Desde 1973 la educación normal se define en la Ley Federal como de tipo superior; aunque ésta siguió operando en la realidad como un sistema de nivel medio. En marzo de 1984, por decreto presidencial, se eleva a nivel licenciatura como respuesta por parte del gobierno de la república a un anhelo del magisterio nacional planteado desde el congreso de 1944, en Saltillo. La formación de maestros a escala nacional sufrió una serie de cambios a partir de 1983 con la reestructuración de la Escuela Normal Superior de México y la elaboración de nuevos planes de estudio para la Normal Superior en 1983, para primaria y preescolar en 1984, y para educación especial en 1985.
El normalismo contemporáneo La inclusión de la educación normal en el conjunto de la educación superior se debe a que requiere los estudios de la enseñanza preparatoria. Sin embargo, como ya se hizo mención, tiene una identidad propia tanto en lo organizativo como en lo curricular y lo ideológico. Las instituciones que forman parte de este subsistema de formación de maestros cumplen tres funciones básicas: a) la formación inicial de maestros para los niveles de preescolar, primaria y secundaria, así como para educación física y educación especial; b) la actualización de los maestros en servicio orientada hacia el mejoramiento de su desempeño profesional; y c) la nivelación de maestros en servicio que carecen de licenciatura, porque tienen otros estudios de grado inferior (por ejemplo, bachilleres habilitados como maestros) o porque recibieron una formación específica de corta duración (por ejemplo, profesores de Educación Indígena). Las escuelas normales públicas y privadas, y los cam brindan diversos grupos de posgrado, como también lo hace la upn.
Atención a la demanda A escala nacional, en el ciclo escolar 1994-1995 había 325 escuelas normales que atendieron a 120,210 alumnos; 75 por ciento de este total acudió a normales públicas y contó con 12,026 profesores. Del total de las escuelas normales, 215 son públicas y 110 privadas; las licenciaturas en educación especial y educación secundaria se imparten tanto en cursos ordinarios como en cursos intensivos de verano. La duración de los estudios en los cursos ordinarios es de cuatro años y en los intensivos de seis años. En 1992 estos centros atendieron en todo el país a 3,198 maestros en los servicios de nivelación y a 122,032 en los de actualización, atendiendo en posgrado a sólo 1,449 alumnos. La educación normal continúa siendo una carrera femenina, pues 64 por ciento de su población se compone de mujeres3. En contraposición con los subsistemas universitarios y tecnológicos, el significado de la educación normal corresponde a un solo campo laboral y su personal académico tiene una procedencia y una formación distintas. Cada una de las escuelas normales tiene una historia particular y problemas específicos de acuerdo a sus condiciones y a la religión en que se encuentran, recordando que existen escuelas con más de 100 años de antigüedad que tienen una gran experiencia, mientras que hay otras de reciente creación que tratan de formarse una personalidad propia. La necesidad de construir escuelas normales con características adecuadas a las diferentes regiones del país sólo ha sido tomada en cuenta en las normales de funcionamiento federal, teniendo como consecuencia que además de las escuelas normales urbanas, surjan las normales rurales, los centros regionales de educación normal y las normales experimentales. Calendario escolar Las escuelas normales funcionan en su mayoría bajo el régimen de curso ordinario, de acuerdo con el calendario oficial de la sep; sin embargo, algunas realizan sus labores durante el periodo vacacional, ofertando actividades académicas durante seis semanas de cada año escolar. Tradicionalmente, los cursos intensivos se desarrollan en las escuelas normales de educación secundaria, aunque esta forma de organización se ha extendido a las de educación especial.
Comportamiento de la matrícula En los años setenta la matrícula en las normales tuvo un crecimiento acelerado (de 110,912 alumnos inscritos en el curso 1973-1974 se llegó en el ciclo 1981-1982 a 333,045 alumnos; lo cual implicó un crecimiento del 300 por ciento) que rebasó la capacidad del sistema educativo para absorber a todos los profesores que se formaban. Así, en la década de los ochenta se redujo la matrícula en este nivel buscando frenar este incremento, dada la disminución del crecimiento demográfico. Una de las políticas en este sentido fue la de elevar al rango de licenciatura la educación normal; política que logró disminuir en cinco años la demanda hacia esta profesión: la matrícula decrece de más de 330,000 alumnos a 118,501 estudiantes en 1981 a 120,210 alumnos en el ciclo 1994-1995. Hasta este tiempo no se ha encontrado la forma de lograr un equilibrio entre la demanda del sistema educativo y las posibilidades de las escuelas normales. Acuerdo Nacional de Modernización Como parte del Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica, firmado en mayo de 1992, se declaró al maestro como el eje fundamental para mejorar la calidad de la educación. A diferencia de otros acuerdos, éste se llevó algunos años de negociación y no fue unilateral; el snte participó de manera importante. Este acuerdo establece tres líneas estratégicas para la impartición de una educación de calidad para todos. 1. Reorganización del sistema educativo mexicano. 2. Reformulación de contenidos y materiales educativos. 3. Revaloración social de la función magisterial. En cumplimiento de este acuerdo, las escuelas normales se descentralizaron, asignándose formalmente a los gobiernos de los estados la responsabilidad de las escuelas de educación básica y normal. Sin embargo, se aseguró que se mantendría el carácter nacional de la educación a través de la normatividad y curricula nacionales, así como los libros de texto. La federación transfirió los recursos a los estados, pero se espera que éstos incrementen sus aportaciones a la educación. En el caso de Jalisco, a partir de 1996 se inició el proceso de integración de ambos sistemas, sin embargo el avance ha sido lento prevaleciendo hasta el momento la situación de trato desigual en salarios y prestaciones entre el personal federal transferido y el estatal. Las normales en Jalisco Según datos expresados en el Plan Estatal de Desarrollo de Jalisco, en 1997 en el estado funcionaron 33 normales: ocho pertenecientes al sistema federal transferido; diez de sostenimiento estatal y quince particulares incorporadas a alguno de estos dos subsistemas. Estas dependencias atendieron en cursos ordinarios a un total de 9,939 alumnos: 2,066 en el subsistema federal, 6,145 en el estatal y 1728 en las particulares, atendidos por 791 docentes. Por lo que respecta a los cursos intensivos, se atendió a 181 profesores que asistieron a la Escuela Normal Superior, la Normal de Especialidades y la Escuela Superior de Educación Física. En cuanto a la distribución, la zona metropolitana concentra el 76 por ciento de escuelas equivalente a 25 que atiende al 80 por ciento del alumnado con el 73 por ciento de la planta docente. La región Guzmán aloja a tres instituciones, 9 por ciento del total con 8 por ciento del alumnado y 15 por ciento de los profesores. En la región Ameca existen dos escuelas, 6 por ciento del total, a donde acude el 5 por ciento de alumnos y 4 por ciento de los docentes. En la región Autlán funcionan dos escuelas, 6 por ciento del total, captando el 4 por ciento de estudiantes y 4 por ciento de docentes. En la región Colotlán se ubican dos escuelas, 6 por ciento del total, 2 por ciento de alumnos y el mismo porcentaje de maestros. En la región Tepatitlán está instalado un centro, 3 por ciento del total que da formación al 2 por ciento del alumnado con 3 por ciento de profesores. Los porcentajes de aprobación de todas las normales son equivalentes al 98 por ciento. Estructura orgánica La parte operativa de este nivel educativo funciona dependiente de una coordinación general con estructura matricial, a través de una Coordinación de Formación y Actualización de Docentes conjuntamente con los directores generales y directores de nivel y directivos de normales. Las acciones educativas en las normales operan con base en el Programa Estatal de Formación y Actualización de Docentes 1997-2001, con lo cual se busca la articulación entre instituciones responsables de la formación inicial, la actualización, la nivelación y el desarrollo académico, y como consecuencia optimizar el cumplimiento de las funciones sustantivas, así como el uso eficiente de los recursos humanos y materiales. Igualmente, a partir de 1997 inició la operación de los nuevos planes de educación normal para profesores de educación básica; para profesores de preescolar y de educación secundaria en 1999. En ese mismo año se inicia el Programa de fortalecimiento académico e infraestructura física y material, mejoramiento de bibliotecas y el programa de sep a Inglés con los cuales se busca elevar la calidad del servicio que estas instituciones brindan. Impacto social de la Educación Normal Los egresados de normal atienden al total de las instituciones de educación básica desde el nivel inicial, preescolar, primaria y secundaria, y de educación física y especial en la entidad, siendo uno de los tres estados a nivel nacional, además de Coahuila y Nuevo León, que ofertan cinco tipos educativos de este nivel. Por tanto los beneficios sociales que sus egresados aportan son incalculables, tomando en cuenta que la cohesión social, más que una ganancia económica limitada, es la mayor evidencia del trabajo docente; no puede negarse que cada día hay mayor participación de la ciudadanía en los procesos democráticos, civiles y económicos. Independientemente de los pocos y en algunos casos nulos apoyos económicos para labores de extensión normalista, los estudiantes de normal realizan prácticas educativas al interior de escuelas de educación básica y prestan servicio social sin estímulos económicos, tanto en centros escolares como en instituciones públicas no sólo en el estado, sino a escala nacional e internacional, en el caso de educación especial (cuatro expedientes en Estados Unidos). Igualmente las normales ofrecen a sus estudiantes atención médica de emergencia, servicios de vacunación, atención psicológica y servicios de trabajo social; así como a público solicitante: asesorías para la solución de problemas de aprendizaje, audición y lenguaje y trastornos neuromotores. Las bibliotecas funcionan como centros de acopio préstamo y difusión de obras universales de extracción normalista o de su área de influencia. A través de sus docentes se identifican situaciones problemáticas comunitarias, a efecto de procurar su solución, coordinando la autogestión. Promueven la cultura al llevar a la comunidad actividades cívicas, sociales, artísticas y culturales a través de sus grupos especiales (teatro, danza, orfeón, equipos deportivos, bastoneras, estudiantina, marionetas, entre otros). Programan además cursos, seminarios, conferencias que permiten contribuir a la superación permanente de los docentes. Emiten publicaciones periódicas, aunque de carácter restringido, que divulgan información científica, cultural y pedagógica de las normales. Por lo que respecta a la investigación, día a día se incrementa la cantidad y calidad de trabajos, ya que los investigadores participan en foros internos, estatales, regionales y nacionales, no sólo como asistentes, sino que en la mayoría de los casos en calidad de co-organizadores. Fortalezas del subsistema: Amplia experiencia de docentes y directores de las escuelas normales. Infraestructura física suficiente. Disponibilidad del alumnado para la realización de prácticas y servicios social y comunitario. Evidencias positivas de trabajo en las áreas sustantivas. Intercambio de experiencias académicas entre escuelas normales. Actividades de servicio que repercuten en la sociedad. Debilidades del subsistema: Carencia del presupuesto suficiente para gastos de operación y mantenimiento de las escuelas. Carencia de recursos específicos para funciones de investigación y extensión. Carencia de estímulos al desempeño docente, año sabático y becas comisión para la superación académica de los formadores de docentes en las Normales estatales. Insuficiente trabajo colegiado al interior de las escuelas, por faltas en las descargas académicas para el desarrollo del mismo. Desequilibrio entre la oferta y la demanda de egresados de Escuelas Normales.
Síntesis: La atención a la demanda de aspirantes a cursar estudios de Normal, debido a la tendencia decreciente de la matrícula en los niveles de preescolar y primaria, tiende a disminuir, tomando en cuenta la proyección de necesidades docentes, en estos niveles. Según proyecciones de la Secretaría de Programación y Presupuesto, para el año 2005 se requerirán 1,125 docentes en el nivel preescolar y 1,522 en el nivel primaria (ver cuadro anexo), no obstante haber considerado el rubro reposición por jubilación o fallecimiento; calculando que serán 456 docentes por año en educación primaria y 121 y 141 docentes por año en educación preescolar. Estos datos deben estar presentes en las medidas que deberán tomarse en los siguientes periodos de ingreso para llegar paulatinamente a ajustar la oferta y la demanda hasta lograr un equilibrio entre ambas, permitiendo aumentar las posibilidades de contratación de los egresados; que en las próximas tres generaciones tendrán en Jalisco serias dificultades para ser contratados por el sector público. El presupuesto otorgado al subsistema y a cada normal es sumamente raquítico, del cual se asigna el 98 por ciento a salarios y el resto es entregado extemporáneamente, con la consiguiente depreciación de su valor; que de no revertirse en proporción, continuará afectando de manera seria los planes y programas de operación en este nivel, en donde poco puede lograrse cuando se administra casi nada. Retos: Es necesario impulsar una publicación periódica que difunda las actividades académicas, los programas y servicios que realizan las escuelas normales, además de implementar programas de radio y televisión que establezcan comunicación directa entre la sociedad y estas instituciones; para que la primera pueda apreciar y valorar las aportaciones que en las diferentes áreas realiza este nivel educativo. Reorientar las modalidades de formación de acuerdo con las necesidades sociales. Lograr la total integración de acciones e instituciones normalistas con base en el Programa Estatal de Formación y Actualización de Docentes 1997- 2001. Negociar un presupuesto suficiente para la implementación de programas y proyectos en las tres áreas sustantivas: docencia, investigación y extensión; así como equilibrar los estímulos que por desempeño académico se reciben de manera desigual, desfavoreciendo al magisterio estatal. Verdaderamente consolidarse como instituciones de educación superior, no sólo por reconocimiento social, sino por la oportunidad de acceder a programas, tales como supera y promep, entre otros. A manera de conclusión Tanto México como Jalisco tienen en el normalismo una larga tradición educativa que se remonta hasta la época precolonial. Todo este bagaje histórico cultural ha ido influyendo en la configuración del sistema educativo. La adecuada preparación y el buen desempeño cotidiano de los maestros en relación con sus alumnos y la comunidad, son factores primordiales para asegurar el cumplimiento de las funciones esperadas por la sociedad del sistema educativo. De ninguna manera sería sano tratar de cambiar de nomenclatura o de ideología a este nivel educativo; sino por el contrario, es necesario brindarle un mayor respaldo social y apoyo económico, así como los recursos humanos y materiales requeridos para mejorar la calidad de la docencia, la investigación, la extensión y la administración de estas instituciones para el cabal cumplimiento de su misión y filosofía.
Notas 1 25915,436 según fuente: inegi, Estadísticas de Educación, México, 1996, p. 1. 2 ocde, Exámenes de las políticas nacionales de educación, México, 1997, p. 35. 3 ocde, op. cit., p. 64. Bibliografía inegi, Estadísticas de Educación, México, 1996. Meneses, Ernesto, Tendencias oficiales de la educación en México, Porrúa, México, 1999. ocde, Exámenes de las políticas nacionales de educación, México, 1997. Reyes Esparza y Zúñiga, Diagnóstico del subsistema de formación inicial, snte, México, 1995. Secretaría de Programación y Presupuesto, Proyecciones estadísticas al 2005, México, 1999.
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